Qué rico es el
pecado, y más, cuando se saborea con ganas. Cuando sientes ese placer de
disfrutarlo. Cuando sientes que te baja suavecito. Cuando empiezas, no quieres
que termine y te envuelves en eso que piensas que solo deben disfrutar los
dioses.
Cuando pequeña
te gustaba y lo disfrutabas igual que de adulta. Pero te decían “No, que te
crece la barriga”. Pero ahora de adulta lo sigues disfrutando y que digan lo
que digan.
De pronto te
sorprende tu compañera: “Miauu”. Sabes que eso quiere decir: “Dame pecado”, que
es como mi gata y yo le llamamos al mantecado.
© 2016 ZEPHIA
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